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“Judío es judío, y cualquier judío es blanco de los ataques antisemitas por tener una distinta línea religiosa”: Marcos Peckel

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Por Sarazareth Rodríguez

El antisemitismo religioso surgió tras la cristianización del imperio romano, ya empezaban a marginar a los judíos por la única razón de haber mantenido la fe y no aceptar al cristianismo. Posteriormente, se transformó en un antisemitismo indiscriminado contra todo el colectivo judío, dónde se puede explicar con el por qué durante el Holocausto, el Partido Nacional Socialista en Alemania definió la palabra judío para efectos de exterminio a aquella persona que incluso tuviera un abuelo judío, y sin filantropía. Las raíces de este movimiento son profundas y eso se evidenció durante este oscuro pasaje de la historia del siglo XXI.

 

“Empezaron a sacar monjas de los conventos católicos, sólo por tener un abuelo judío para enviarlas a las cámaras de gas”, afirmó Marcos Peckel, profesor de la facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia, quien además es  columnista y asesor sobre temas internacionales y Medio Oriente.

El sentimiento colectivo de odio contra el pueblo judío se refleja también en 1902 con las teorías conspiratorias de los protocolos de los sabios de Sion en la Rusia Zarista, dónde no hablaban de los judíos como religión, sino como un colectivo que deseaba dominar el mundo.

Después de ello, se presenta el antisemitismo nacional, donde los ataques al estado de Israel pasan de ser críticas que se le hacen a cualquier otro estado, a la negación absoluta del derecho de Israel a existir como un estado independiente y la negación del pueblo judío a tener la autodeterminación nacional, así es como los ataques a Israel permearon los ataques al pueblo judío.

Según Peckel, asesor sobre temas internacionales y Medio Oriente, el mayor festival antisemita después de que se apagaron las cámaras de gas en 1945, se presentó en la Conferencia de Naciones Unidas contra el Racismo, La Xenofobia y la Intolerancia, que se llevó a cabo el del 31 de agosto al 08 de septiembre de 2001 en Durban, Sudáfrica, donde se buscaba centrarse en el problema de racismo mundial, pero terminó perdiendo ese objetivo por quiénes odian a Israel y a los judíos.

En una columna escrita para El País de Cali explicaba el por qué con un escrito muy crítico a este evento que abrió las puertas para que hoy el odio hacia los judíos sea aún más exacerbado en algunos lugares del mundo: “Comenzada la conferencia, los delegados oficiales se olvidaron del mundo y se concentraron en atacar de manera virulenta, con mentiras, tergiversaciones y saña a un solo país: Israel. Peor aún fue la sesión paralela de las ONG la cual se constituyó en un verdadero linchamiento a Israel y al pueblo judío. Delegados de ONG judías tuvieron que abandonar la conferencia por temor a su integridad personal”.

Y proseguía en la misma: “En Durban el nuevo antisemitismo tuvo su bautismo de fuego”. Fuego que hoy se aviva en las redes sociales de una forma descomunal sin que exista un control al respecto, fuego de un odio en el que varios medios han evidenciado cómo a las comunidades judías ortodoxas en los Estados Unidos, principalmente en Nueva York las atacan, fuego con el que hoy se alzan banderas con esvásticas en fachadas de edificios en Miami, o que se transmita en vivo por Facebook una masacre en una sinagoga de Pisttburg, el incidente antisemita más mortífero en la historia reciente de EE.UU., o que neonazis salgan airosos a negar el Holocausto.

Casos que hoy tienen a los judíos preguntándose sobre si ahora están destinados a vivir de nuevo con miedo y amenazas.

Y es que en medio de esta situación, precisamente este año durante la Asamblea General de la ONU se desarrollaba de manera paralela la conferencia Durban IV para conmemorar los 20 años de la primera, que fue duramente criticada no solo por Israel sino también por aquellos países que no ven el sentido de una conferencia que algunos dirían tienen “rabo de paja”.

“Nada hay para celebrar y para esta próxima farsa casi dos docenas de países democráticos de Europa, Norteamérica y Oceanía han anunciado su no asistencia. Otros deberían seguir su ejemplo, especialmente de Latinoamérica”, remarcaba Peckel en su columna.

También, las grandes crisis siempre han sido "una gran excusa" para fortalecer el discurso de odio y el incentivo del antisemitismo. Por ejemplo, con la pandemia de la covid-19 surgen las teorías conspiratorias, donde se acusa a los judíos de haber creado el virus, de haberse enriquecido con las vacunas y de promover la desinformación.

Marcos Peckel explica las razones de cómo el pueblo judío siempre  ha sido blanco de ataques sin importar el hecho de que sean ortodoxos o no, pues para el antisemitismo no existe discriminación.

En el 2020 “al igual que con las grandes crisis mundiales, se avivó el tema del antisemitismo, con las teorías conspiratorias, no lo digo porque lo esté inventando, las cifras básicamente lo demuestran”, afirmó Peckel.

Los ataques a los judíos siguen sin tener piedad alguna. En el caso de Austria se han registrado 562  incidentes y agresiones antisemitas hasta un nivel récord, reveló en un informe la Comunidad Judía de Viena (IKG), que suponen un incremento del 119 por ciento respecto a los 257 casos del primer semestre de 2020.

En Francia, por ejemplo, para 2019 se llegaron a elevar a un 74 % a lo que el primer ministro del Interior, Christophe Castaner,  respondió en su momento que:  “El antisemitismo se expande como un veneno, como la hiel”.

Y aunque se creía el mayor número de ataques son a las comunidades ortodoxas judías que al judaísmo reformista laico, la masacre a la Sinagoga de Pittsburgh el 27 de octubre de 2018 o el atentado en Bruselas al Museo Judío de Bélgica, muesta que no siempre son contra una comunidad necesariamente ortodoxa y deja en evidencia que “no hay diferenciación, es por eso que los judíos ortodoxos corren mayor peligro por la vestimenta que llevan, o que sean más visibles y vulnerables a los ataques”, aseguró el profesor.

También afirma que “las críticas hechas a Israel, rayan en el neto antisemitismo, como acusar a los israelitas de hacerle a los palestinos lo que los nazis les hicieron a los judíos, o incluso negar su existencia”.

Otro enemigos del Estado de Israel, que apoyaban la causa palestina y al mismo tiempo al presidente antisemita de Irán Mahmoud Ahmadinejad es la secta de Naturei Karta que son judíos ultraortodoxos cuya principal presencia está en la Ciudad de Jerusalén, los cuales rechazan no sólo el sionismo sino también al estado de Israel por cuestiones teológicas, “para ellos, el sionismo fue un movimiento hereje y laico que estaba en abierta contradicción con las escrituras, cuya interpretación por parte de ellos, era que solamente el Mesías puede reconstruir el “Estado” judío”, dijó Peckel.

En noviembre de 2021 manifestantes polacos gritaban: "Muerte a los judíos" mientras quemaban una Torah

Aunque en Colombia, el tema parezca estar desligado, también fue escenario del antisemitismo belicoso desde 1930 hasta 1940 pues debido a la migración de 300.000 judíos europeos del Antiguo Continente, a diferencia de países como Estados Unidos que recibió entre 165.000 y 212.000 judíos, Argentina que recibió alrederor de 45.000 o Brasil y Chile que recibieron entre 25.000 y 15.000 judíos, Colombia sólo recibió 6.000 de ellos.

Con obstáculos e impedimentos por parte de políticos, analistas e intelectuales, su estadía se vió interferida por razones de peso cultural, pues sus costumbres y tradiciones se veían como inconveniente al desarrollo de la sociedad de aquel entonces. Sin mencionar, las referencias que se daban de los mismos como ““elementos indeseables” de raza hebrea, pues tales elementos, transmisores de enfermedades que constituyen seria amenaza para nuestra raza”, según una columna del El Tiempo titulada “Antisemitismo en Colombia”.

Si se menciona la situación actual en el país, después de la reunión con la Confederación de las Comunidades Judías en Colombia y el candidato presidencial Gustavo Petro, salieron del closet los antiguos antisemitas de la derecha, quienes acusaron a la comunidad judía de estar confabulándose con el senador para controlar el país, los cataloga Peckel como “argumentos falaces y mentirosos que surgen de un prejuicio que se lleva arraigado desde dentro, y cuando vieron el momento de sacarlo, lo sacaron”.

Ese encuentro generó tanta indignación que fueron varios los comentarios y mensajes de odio hacia la comunidad judía por este encuentro: desde tiltarlos de "hipócritas hasta llegara decir "con los judíos nunca más".

Y si bien en el país los casos de antisemitismo son esporádicos, en América Latina han crecido, de manera preocupante en los últimos 15 años las manifestaciones antisemitas en la Venezuela del régimen chavista, en Chile o Estados Unidos. Aunque el informe presentado por el Congreso Judío Latinoamericano y las principales organizaciones judías de Argentina señala que el discurso de odio contra los judíos en las redes sociales y los portales de noticias se mantuvo estable durante 2020, indica que el 10,19 % del material presentado en videos de YouTube con palabras o conceptos relacionados con la temática judía posee contenido antisemita, mientras que el 61,1% son favorables a la comunidad.

 

Según el director de la Comunidad Judía en Colombia, “lo que verdaderamente les causa profundo desasosiego a las comunidades judías es cuando los países no tienen relaciones con Israel”, pues es el ancla esencial tanto a nivel identitario como a nivel de tener su respaldo a la hora de interactuar.

Como las relaciones que el Gobierno de Hugo Chávez y el de Evo Morales rompieron y que generó incomodidad y desglose de la comunidad judía. Por esta razón, en Venezuela, mientras en 1995 había entre 25.000 y 30.000 judíos, hoy quedan aproximadamente 5.000 que han migrado no sólo por la crisis económica sino también por la política hostil hacia a Israel.

Con la situación de Bolivia, el panorama es un poco más esperanzador, pues, aunque posee una de las comunidades judías más pequeñas de América del Sur, que sigue disminuyendo con el tiempo por la hostilidad y la discriminación, según Peckel “el problema no es tan grave y se orienta más hacia cuestiones demográficas que de persecución indiscriminada”.

Si se habla de organización del pueblo judío como mecanismo de soporte y defensa, después de 1.000 años de vivir en el exilio y en diferentes situaciones complejas, las comunidades judías de Latinoamérica están integradas y organizadas, y buscan el intercambio de mejores prácticas cuando una comunidad requiere el apoyo, interactúan con todos los judíos del continente y se indagan soluciones que anclen la coordinación.

“Porque los palestinos tienen derecho, los kurdos tienen derecho, los tanzanios tienen derecho, todos tienen derecho, pero los judíos no, esa es su postura, y ni siquiera es respetuosa, para mi eso es un antisemitismo puro y duro”, afirmó el columnista.

Vea aquí la entrevista completa al profesor Marcos Peckel

“El antisemitismo se combate de varias maneras, pero no se va a acabar, así como no se va a acabar el racismo o la homofobia”, haciendo referencia a la situación en Alemania en febrero del presente año donde se deseaba la muerte a los judíos frente a las Sinagogas, y es que aunque allí las leyes son muy duras, la negación del Holocausto sería asesinar la historia judía es un crimen así como sucede en Colombia o en varios países.

Pues, lanzar objetos peligrosos a una Sinagoga es un crimen como lanzarlos a cualquier propiedad privada, y de igual manera en diferentes legislaciones del mundo; se le adiciona que sería el agravante de motivación del discurso de odio contra una minoría, un grupo étnico o contra un grupo religioso.

Para el profesor, además de la legislación, la educación y la convivencia son las mejores formas de combatir el antisemitismo en toda medida discriminatoria porque “surge de prejuicios naturales que tiene el ser humano de tener algo contra la persona distinta y se tiene que trabajar en ellos hasta que puedan ir diluyéndose poco a poco”.

Precisamente en la intervención Peckel hace hincapié en el espacio que abren para dar a conocer sus tradiciones, su cultura y sus celebraciones en las actividades de interacción con muchas personas no judías para que puedan entender o derribar por experiencia propia los mitos que a través del tiempo le han atribuido a los judíos, entre ellos, menciona con toque de humor, pero al mismo tiempo de concientización, el que “se den cuenta que no tienen cachos, o que no están asesinando niños cristianos para hacer el pan que comparten en esas celebraciones”.

Desde la primera situación extrema de persecución, prejuicio, hostigamiento y odio hacia los judíos hasta la fecha, el antisemitismo ha aumentado de manera indiscriminada violando los derechos y valores de los mismos.

Por lo que Peckel marca un punto clave en la transformación de este problema social y es que el antesimitismo “No va a desaparecer, y eso de que al final del día somos seres humanos, es una frase de cajón, porque es que hay que hacer mucho más que eso, además de los que mencioné anteriormente, es fundamental compartir e intercambiar espacios y experiencias”.

La cuestión que: “judío es judío, y cualquier judío es blanco de los ataques antisemitas por tener una distinta línea religiosa”.

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