
RETRATOS
UNA BÚSQUEDA, UNA IDENTIDAD: EL CAMINO DE LOS JÓVENES JUDIOS
Por Isabella Vargas

Itzjack y Abraham González Mantilla son dos gemelos nacidos en Bogotá, de 22 años, que desde pequeños crecieron sintiendo el llamado en el corazón del judaísmo pero lo que no se esperaban era la gran razón detrás de esto, ya que después de hacerse judíos conversos junto a sus padres, terminaron descubriendo que en realidad siempre fueron judíos por descendencia. Todo empezó porque sus padres eran líderes de una comunidad mesiánica (combinación del cristianismo y judaísmo) en la capital del país, pero no se sentían del todo bien “siempre hubo esa pregunta de algo más”, pues para Itzjack el mesianismo “no era una fe concisa”.
Con el tiempo, por temas económicos y espirituales, dejaron la ciudad buscando una nueva y mejor vida, pues el padre de los hermanos padecía de una enfermedad que solo es para guerreros: el cáncer, lo cual también fue motivo para esta familia de buscar a Dios de forma más cercana y que los llenara totalmente.
Se mudaron a Barranquilla, donde empezaron a congregarse a una comunidad supuestamente judía, pero se encontraron con varias piedras en el camino al llegar: “personas que nos estafaron, gente que quería aprovecharse de las intenciones religiosas de nosotros”, asegura Itzjack. Hasta que en ese andar buscando respuestas a su vida, a lo que su alma les pedía, encontraron las respuestas a su fe cuando en una comunidad judía tradicional contactaron con unos rabinos de Estados Unidos (Bet Din), quienes los guiaron y los ayudaron a la conversión que tanto estaban anhelando en el año 2015.
Una conversión al judaísmo no es fácil y hasta en muchas ocasiones es totalmente negada para quienes ven en los judíos solo la forma de aprovecharse de ellos. Quien manifiesta ante un rabino que quiere convertirse, lo primero que le dicen es un NO rotundo pues no es una decisión y aceptación de puertas abiertas como cuando una persona decide salir del catolicismo para el cristianismo, no es así.
Eso mismo les pasó a los gemelos y sus padres, pero la comunidad judía en Barranquilla vio que ellos realmente sentían y manifestaban su intención por lo que la conversión fue un largo proceso lleno de disciplina, rigor, fe y entrega total rompiendo con muchos esquemas, preconceptos y su amor por Hashem (nombre en hebreo de Dios) y por el prójimo.
La conversión al judaísmo cuesta 3.000 dólares por persona. En esta, un rabino acompaña a quien desea ser judío en su proceso de leer la Torah (los cinco primeros libros de la Biblia), cumplir con los 613 mandamientos, preparar la comida Kosher, que cumple con unas reglas estrictas en cuanto al sacrificio de animales para consumo, entre otros preceptos. En ese acompañamiento la disciplina es total y en el momento de la conversión también se tienen beneficios políticos dentro de Israel.

“Me molesta que la gente opine sin saber realmente y conocer todo el trasfondo del conflicto, entonces me molestaban los memes que hacían o los comentarios que se notaban eran muy ignorantes”, comenta Joshua.

Pero cuando los rabinos conocieron a Haim (padre de los hermanos) y supieron de la enfermedad que padecía vieron que no tenía ningún interés más allá que el de entregarse al judaísmo de la forma más pura, por lo que decidieron no cobrarle un dólar: “preferimos que ese dinero lo uses para ti, tus medicinas, que puedas cumplir las Mizbot con salud, con alegría porque nos sirve más una persona viva que un judío muerto, entonces si es lo que quieres y es lo que tu corazón te pide vamos a hacer una amistad contigo, vamos a aceptarte y no tendrás que pagar nada”, recuerda Itzjack.
Increíblemente era solo el comienzo del camino, pues dentro de la misma comunidad sintieron cierto tipo de rechazo por el simple hecho de no ser judíos por sangre sino conversos “hay envidia con las personas que son conversas porque entre el judaísmo, el converso no es bien visto. Acá estamos acostumbrados en Latinoamérica al judaísmo de tradición y el que es judío de apellido, de familia ese es el único judío, el otro no es judío”, cuenta Itzjack.
Sin embargo, Abraham después de 6 años se refirió a este prejuicio que existe entre la comunidad, pues para él los judíos conversos tienen más mérito que los propios judíos de nacimiento: “el que nació judío es judío porque le tocó serlo y punto no conoció más nada, el que es converso es porque estuvo en otro lugar y se enteró y quiso serlo, su corazón lo anheló”, afirma Abraham. También tuvieron que aguantar ciertas miradas y comentarios de recelo, pues muchas personas dentro de la comunidad no entendían por qué tuvieron que pagar y la familia González no, lo que “afectó mi vida en comunidad”, afirmó el otro hermano.
Después de haber logrado abrirse las puertas en la comunidad judía, se encuentran con una bendición que jamás hubieran imaginado, la mamá de los gemelos empieza a investigar el linaje de su familia “porque desde que ella era muy niña veía que en su casa habían creencias, normas y costumbres que relacionaba mucho con el judaísmo” y encontró en unos documentos de la bisabuela que venía de la familia judía de España apellido Sefardíe, en hebreo, ספרדים, Sefaraddim, que vivieron en la Corona de Castilla y la Corona de Aragón hasta su expulsión en 1492 por los Reyes Católicos y también sus descendientes, quienes, más allá de residir en territorio ibérico o en otros puntos geográficos del planeta, permanecen ligados a la cultura hispánica.
“Hija tras hija, ya eran judías por lo tanto mi mamá de nacimiento fue judía y por ende nosotros pasamos a ser judíos y no sabíamos”. Para que una persona se considere judía solo existen dos formas: ser nacido de una mujer de ascendencia judía o convertirse al judaísmo por medio de un proceso con rabinos, como los González lo hicieron inicialmente. Por lo que, finalmente la familia de los gemelos volvió a donde siempre pertenecieron y se dieron cuenta que no era necesaria la conversión porque el propio pueblo de Israel los acogía desde su nacimiento.

"El judaísmo más que una religión es un estilo de vida, es una creencia, una costumbre, una tradición que requiere de amor por lo que estás haciendo”, afirma Itzjack. En Colombia actualmente hay más de 5.000 judíos por descendencia, pero no todos viven acorde a las leyes del judaísmo.
En el 2018 viajaron a Israel 6 meses por un programa de estudios religiosos, donde Abraham no se sintió extranjero, sino por el contrario reconoció muchas cosas con las que creció en su hogar “yo no me fui de Colombia, yo llegué a mi casa”. Allí se dieron cuenta que el ambiente realmente ayuda mucho a poder cumplir las leyes más fácilmente “ser judío fue la cosa más fácil del mundo, a donde yo volteaba tenía judaísmo por acá, judaísmo por allá, que si la comida era muy cara no hay problema aquí está mas barata y todo acorde a la ley judía, que si iba a salir salía con mis amigos, todos judíos”, comenta el otro gemelo, quien a pesar de esta experiencia no volvería a Israel.
Esta decisión se debe a que lo anterior no es lo único que los ha alejado un poco del judaísmo sino su capacidad crítica y los estudios que tienen encima que les abrió el panorama del mundo y están en un proceso de autodescubrimiento sobre lo que realmente sienten y quieren: “El judaísmo al ser un estilo de vida que se basa mucho en la lectura y el estudio, todo lo relaciona, es muy objetivo entonces es muy, pero muy difícil encontrarle ese quiebre y por eso es que yo me he mantenido ahí pero siempre van a haber cosas que no me van a cuadrar, no por ser del equipo A voy a decir que es el mejor equipo del mundo porque también tiene sus errores”, afirma Abraham.

Los gemelos Itzjack (izquierda) y Abraham González Mantilla (derecha)
Escucha aquí las razones de Itzaak para buscar su propio camino más allá del judaismo.
Su hermano tiene un pensamiento muy parecido, pues trae a colación una frase de Platón que le gusta mucho: “es deber de cada ser humano filosofar por si mismo, tu no te puedes sentar a esperar a que alguien piense por ti”, afirma que desde pequeño siguió el camino de sus padres pero ahora es hora de tomar su propio rumbo “no estoy alejado hacia malos caminos sino buscando mi propio camino, tratando de encontrar la armonía entre lo que digo y lo que hago”.
Sin embargo, viven orgullosos de ser judíos por la cultura y estilo de vida en la que crecieron “esa convicción que muestro y ese orgullo que presento al demostrar mi cultura y decir si soy judío siento que te da cierta proyección positiva o proyectas positivismo a las personas que no van a tener la necesidad de menospreciarte por tu ser o por no ser”, señala Abraham, quien nunca se ha sentido discriminado ni rechazado por ser judío, por el contrario se le acercan personas con curiosidad a preguntarle sobre su cultura y estilo de vida.
Itzjack cuenta que una vez que iba saliendo de la sinagoga con su traje negro y el kipa le dijeron “oye el carnaval ya pasó”, a lo que él se refirió como “comentarios tontos, fuera de lugar pero nunca hasta el punto que me hagan dudar de mi identidad o que me hayan hecho sentir inseguro por el hecho de ser judío”. De la misma manera Abraham relata que nunca ha sufrido de acoso o persecución: “cuando uno tiene muy arraigadas sus creencias, cuando uno tiene muy claro que es lo que es y de dónde viene, pues como que trata de omitir ese qué dirán y siempre trata de enfocarse en su vida”.
Sí han escuchado comentarios de personas que no saben mucho del judaísmo y empiezan a hablar mal de ellos basados en los mitos que han escuchado y lo van repitiendo sin comprobar antes que primero sea cierto, lo que causa a la larga odio contra ellos: “yo he recibido muchos comentarios de ‘ah no pero entonces que los judíos son muy tacaños, son muy avariciosos’, yo no me molesto con ese tipo de desinformación, a mi apenas me da risa”, afirma.