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Entre nostalgia y dolor:
Los Goldstein, un barco sobreviviente al Holocausto en Hungría
Por Isabella Muskus
En 1944 los nazis llegaron a Hungría y Budapest convirtiéndose en el peor lugar para los judíos que allí habitaban, pues el régimen que invadía a Europa con su política de odio hacia los judíos cometió las más atroces masacres y el río Danubio se convirtió en un rio de sangre, testigo de la cantidad de judíos que fueron fusilados a sus orillas. Más de 600.000 fueron asesinados y otros más llevados a los campos de concentración y de exterminio al temible Auschwitz; consecuencia de que unos años atrás, en 1941, una ley racial en Hungría definió qué era un judío y por qué nadie se podía juntar con ellos ni tener matrimonios mixtos. Una familia sintió en lo más profundo de su entorno la persecución día y noche de quienes cazaban judíos, Budapest estaba sellada y rodeada. ¿Cómo huir?, ¿Cómo esconderse?, ¿Qué hacer?, ¿A quién pedir ayuda?.
Una Hungría oscura, turbulenta, ensangrentada y siniestra, que los rechazaba, hizo que los Goldstein se llenaran de valor ante el horror para sobrevivir, tuvieron que ver cómo a muchos de sus amigos y conocidos les fueron arrebatados sus derechos por el simple hecho de existir, convirtiéndose en ese resquicio de una de las épocas más atroces que ha vivido la humanidad.
Los segundos para todas estas personas se volvían minutos, minutos horas y horas semanas y más cuando no existía una buena comunicación, los radios se les dañaron y no sabían nada de sus familias, seres queridos, amigos y conocidos. Pues, ese territorio bajo la ocupación nazi era un lugar inhóspito y en medio de la dificil situación, una niña de dos años que hacia parte de esa familia y que no entendía muy bien lo que pasaba tuvo que sobrevivir a la crueldad que se aplicaba en su propio país todo por el hecho de ser judía.

Ella, Anamaría Goldstein a su corta edad tuvo que esconderse de una tragedia que para muchos fue inevitable cuando los húngaros siguiendo la estela del macabro plan denominado como la "solución final" terminaron con la vida de miles de judíos. Sobreviviente de una familia de 43 integrantes, que la mayoría murieron en Auschwitz, fue una de los 7.712 niños y niñas judías que quedaron vivos en Hungría, muchos de ellos huérfanos; se puede decir que los recuerdos de lo que fue la guerra aún siguen presentes y más cuando se cuentan con fotografias que estan en un perfecto estado y que para ellos es de gran importancia.
Budapest en 1944 cuando los judíos fueron obligados a salir de sus casas ante el macabro plan de los nazis de exterminarlos.
Hoy Anamaría no está. Falleció en enero de 2021, una de las pocas mujeres que era testigo del Holocausto, pero su legado no se ha ido: su hijo Jack Goldstein, un prominente empresario con su claro sentido de pertenencia con su comunidad judía, cuenta cómo su familia y madre padecieron los peores horrores que un ser humano puede vivir, la historia de amor y odio con Hungría, y cómo hoy los aires de antisemitismo se vuelven a respirar en algunas partes del mundo.
“Colombia nos acogió de la mejor manera, sino fuera por este país y porque mi familia logró salir de Hungría, la historia de los Goldstein sería distinta”-Jack Goldstein

Después de todo el horror vivido en Hungría y sin poder trasladarse en trenes, un barco fue la salvación de su madre y el legado que dejaría, gracias al abuelo paterno de Jack logró sacar a 45 integrantes de la familia, un barco que no la llevó a EE.UU. sino que atravesó todo un océano para arribar a una tierra que nunca se imaginó conocer: Colombia. El país que en el año 1950 les abrió las puertas, luego que Estados Unidos se las cerraron porque no contaban con la visa, logrando llenar las expectativas a todas las personas que buscaban un buen refugio para pasar el resto de sus vidas, quedando encantados con esos bellos paisajes, montañas, frutales, el carisma de la gente y su manera natural de comunicarse con ellos. “Colombia nos acogió de la mejor manera, sino fuera por este país y porque mi familia logró salir de Hungría, la historia de los Goldstein sería distinta” comentó Jack.
“Colombia ha sido un ejemplo hermoso de trato hacia los judíos, un país maravilloso con gente pulcra, cabe decir que en algún momento llegamos a ser un bicho raro, pero existe la preparación y asumimos que en ciertas ocasiones podrían pasar”, expresó; a diferencia de Hungría que por culpa de la dictadura todos desconfiaban de todos, porque siempre existía el temor de que el vecino, o hasta un amigo te delatase o acusase de haber hecho o dicho en contra del sistema, trayendo duraderas y graves persecuciones.
Es como si todo volviera a revivir y la preocupación de este empresario judío pasa por lo que hoy los jóvenes consumen sin conocer el trasfondo de la historia siendo vulnerables a situaciones que pueden decantar más problemas. Por eso para Jack, la historia de su madre y la llegada a Colombia cobran un gran significado sobre la importancia de que estos relatos de la Segunda Guerra Mundial no queden en el olvido.
El odio y amor a Hungría
Las escenas de miedo y horror junto con los traumas vividos por Anamaría, él los cuenta como una muestra de lo que el odio puede ocasionar. “El amor-odio se ha expresado de diferente manera con diferentes intensidades, apostándole a extremos opuestos en diferentes momentos, con la Primera Guerra Mundial, las familias perdieron todo, las tierras, las viviendas, hasta su identidad, ya que quedaron del otro lado de la frontera, de hecho, son una serie de situaciones horribles, pero siempre se guardará el sentimiento hacia su tierra y sus costumbres” comentó.
Sin embargo, en el caso de la señora Anamaría, ella aprendió a callar cuando era debido, a esconderse en diferentes lugares, a no manifestar emociones, ya que estaba presente cuando el holocausto y esto podría tener graves consecuencias. “La sensación de ser diferentes es muy particular entre los húngaros, son orgullosos de su historia, de su lenguaje, Hungría tiene un gran acumulado de medallas en los Juegos Olímpicos, posicionándose en puesto 10, son potencias de muchas cosas, lo cual significa que si hay de que sentirse orgulloso” considera el empresario.
De igual manera, afirma que su familia tiene un inmenso amor por el idioma húngaro y también guardan con nostalgia los buenos recuerdos de su infancia y el cálido ambiente familiar del que lograron gozar entonces, “mi familia le guarda un gran amor a Hungría, después de lo sucedido hemos regresado a pasar vacaciones ya que una parte de la familia decidió después de muchos años regresar a su país” argumentó.
Después de todo lo sucedido y al cabo de un tiempo, los húngaros lograron tener todo lo que algún día habían perdido, pero empezando desde cero: poseer tierras, acceder a una educación liberal, ocupar cargos y vivir en sus propios hogares. Es allí cuando Jack entiende la pasión de su abuelo de acceder y tener una nacionalidad: “Mi abuelo hasta el final de sus días siempre fue orgullosamente húngaro, su moraleja hacia mi era lo importante que era tener una nacionalidad y aquí estoy…”
A la vez, también tienen resentimiento e indignación hacia los húngaros que habiendo convivido bien con los judíos durante tanto tiempo en el pasado, a la hora de la verdad acabaron colaborando de forma voluntaria y vergonzosa con los nazis.

“Estamos dándonos contra la pared al entender que la libertad de expresión implica permitir que alguien diga barbaridades”-Jack: el antisemitismo y la negación del holocausto.
Goldstein es un hombre que tiene muy clara su identidad judía y que no duda en manifestar su preocupación ante las olas de antisemitismo que hoy están golpeando con duros mensajes de odio las redes sociales y hasta la presencia de negacionistas del Holocausto, cuando su propia madre fue víctima de este horror. “Estamos dándonos contra la pared al entender que la libertad de expresión implica permitir que alguien diga barbaridades”, asegura.
No solo los mensajes en redes sociales han suscitado el malestar dentro de la comunidad judía, sino la atroz tendencia los últimos años en las redes sociales de personas que afirman que el Holocausto nunca existió, algo que se puede medir con la ignorancia de la negación del cambio climatico, que la tierra es plana o que el covid-19 es un invento para exterminar la humanidad.
Pero Goldstein explica el dilema que hoy en día envuelve la posverdad y que aún no se han encontrado soluciones contundentes, “en qué momento incitar al odio o negar lo que es puramente histórico es una perversión que se debería limitar o prohibir y hasta qué momento prohibir es un mal precedente para que se sigan prohibiendo otras cosas. Estamos jugando a balancear esos extremos y personalmente no creo que se pueda balancear”, señala ante la falta de rigor y cuidado con los peligrosos mensajes que circulan, pero apelando a la libertad de expresión.
Así como sucedió en el año 2020 cuando la red social de twitter fue inundada por publicaciones antisemitas que llevaban la etiqueta #JewishPrivlege (“Privilegio Judío”), en el cual se acusaba a los judíos de tener “privilegios blancos”.
Algunos de los tweets decían este tipo de frases acompañadas del hashtag: “debemos exponer a los judíos privilegiados” y otros con una doble intensión para negar el holocausto, “el control judío del mundo”, teorías conspirativas sobre el atentado contra las Torres Gemelas, violaciones a la “libertad de expresión” en las redes sociales, la implementación de redes de espionaje, e incluso el comercio de esclavos africanos.
También, la tendencia incluyó tuits con caricaturas antisemitas, en una de ellas se observaba a una madre judía y a su hijo, ambos con cabello oscuro y rizado con una estrella grande de David en la camisa del niño. La madre le recrimina a la maestra, que es blanca y rubia, por su actitud hacia su hijo y afirma que su comportamiento es culpa de la escuela.
Otro usuario de esta red social publicó una tabla que muestra el “número de judíos” en las ocho universidades importantes del noreste de Estados Unidos. En la cual, se observaba que la mayoría absoluta de los estudiantes eran judíos y la publicación iba acompañada de una “explicación” que decía: “Los privilegiados judíos están sobrerrepresentados en los colegios, en la prensa, en la política, en el arte, etc”.
Sin embargo, los judíos estadounidenses ofuscados e indignados por dicho comportamiento que se venia observando en los últimos días respondieron, algunos con sarcasmo, por ejemplo, un médico judío de nacionalidades estadounidense e iraní comentó sobre su “privilegio judío” refiriéndose a qué "en Irán era un “judío sucio”, en Inglaterra le rompieron la nariz los ‘cabezas rapadas’, en tanto que en Estados Unidos un neonazi lo escupió en la cara al momento que lo estaba atendiendo en una sala de emergencias".
Incluso algunas celebridades tuitearon para intentar contestar este ataque antisemita virtual y dejaron en claro que ser judío hoy, no es un gran privilegio, haciendo uso también del sarcasmo. Una de ellas fue la comediante y actriz Sarah Silverman que comentó acerca de la violencia ejercida contra su padre en el colegio, sobre las monedas que le fueron arrojadas a ella en un autobús y sobre "sacerdotes de Florida que pidieron por mi muerte mientras le decían a su comunidad que romperme los dientes y matarme, sería una obra de Dios".
Otra celebridad que comentó de forma sacrcastica sobre cuáles eran sus "privilegios judíos" fue la escritora Marianne Williamson, quien escribió el libro “Volver al amor”, quien dijó: “Cuando la gente me envía correos electrónicos y tuitea que los judíos deberían estar callados en estos días, y que 'esto no es solo una propuesta'. O amigos que no saben que soy judía y me dejan en claro cuán antisemitas son, o miembros de la familia que tienen miedo de usar una estrella de David en su vecindario".
Sin duda el antisemitismo hoy en día se puede traducir como ignorancia y desinformación, pues en redes sociales abunda ahora más que nunca los comentarios de odio y prejuicios hacia la comunidad judía y gracias a ellas se está haciendo más visible alrededor del mundo. Pero está situación no los intimida, sino por el contrario tienen muy en claro su origen y su orgullo por por quienes son, a pesar de que el fantasma del holocausto parece permanecer a través del tiempo y otras veces los insulten con la negación del mismo. El actor David Simon también se defendió con un tweet: “¿Cuál es mi privilegio judío? 11 de mis familiares murieron en Auschwitz”.